Contrapunto


Miguel Ángel Gómez Ruiz

Recuerdos de una injusta elección de presidenta del TSJV

En las próximas horas, o días, se darán a conocer en la Ciudad de México, los detalles de la elección de presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Veracruz, ocurrida el 2 de diciembre del año pasado, en la que por dedazo, fue electa Sofía Martínez Huerta.

Para nadie es un secreto que todo fue una imposición en la que predominó el parentesco de la presidenta electa con el súper delegado en Veracruz, Manuel Huerta Ladrón de Guevara y con la sumisión del gobernador Cuitláhuac García Jiménez.

García Jiménez no quería que Edel Álvarez Peña se reeligiera como presidenta y éste prefirió la paz antes que someterse ante el mandatario.

El cargo, originalmente, lo buscaban las magistradas Yolanda Cecilia Castañeda Palmeros y Concepción Flores Saviaga, que pasó momentos difíciles al interior del TSJE. Se rumoraba que también aspiraban Raúl Pimentel Murrieta y Amadeo Flores Villalva.

Sin embargo, un mes antes de la elección, trece magistrados fueron aprobados por la mayoría de Morena en el Congreso local. Es cierto, todos ellos tenían lazos con el partido que gobierna en Veracruz, pero nadie imaginó que entre ellos, estaba la que sería impuesta, en este caso, Sofía Martínez Huerta.

Destacaba no sólo que era pariente de Manuel Huerta, sino que mantiene una relación sentimental con Dionisio Gutiérrez García, a quien acusan que cuando era magistrado continuaba litigando y cobrando grandes cantidades de dinero.

Prácticamente sin carrera judicial, pues no fue juez siquiera, Martínez Huerta estuvo como secretaria de un juzgado. Ya adulta estudió la carrera de leyes y fue beneficiada por su pareja.

Limitada físicamente, con un bastón semejante al del personaje de DC Comic’s, El Pingüino, Martínez Huerta llegó e hizo y deshizo en el TSJV pero esa es otra historia que ya ampliaré con el paso de los días.

Lo que destaca es que prácticamente sin preparación, la mujer llegó cobijada por un partido y por funcionarios que no respetaron la autonomía del Poder Judicial. Es decir, Morena ya tiene el poder ejecutivo en Veracruz y se apoderó de los poderes legislativo y judicial.

Sin embargo, magistrados, barras de abogados y personas destacadas en el ramo empresarial coinciden en que su nombramiento no sólo fue una imposición, sino un error garrafal que está provocando estragos en la entidad en lo que se refiere a la administración de Justicia.

Yolanda Cecilia Castañeda Palmeros supera en todo, en todo a la presidenta. Cuenta con una carrera judicial de 48 años. Es magistrada numeraria y además, a diferencia de su rival que estudió en la escuela nocturna, Castañeda Palmeros fue la alumna con el mejor promedio en su generación. Cursó estudios y obtuvo reconocimiento en la University California Western School of Law, en Estados Unidos. Del mismo modo, es Master en Derecho Penal y criminología y en 2011 fue diplomada por la Universidad de Girona, España.

Ha escrito libros, tiene un doctorado por la Universidad de Xalapa y laboró en 16 juzgados, ocho civiles y ocho penales. Comenzó como escribiente y se desplazó con sus hijos a donde se le enviara. En 2011 obtuvo el premio al Mérito Judicial, superando a magistrados de todo el país.

Tiene cientos de reconocimientos y el respeto de sus compañeros.

Es triste, pero Sofía Martínez Huerta no ha sido juez en su vida, vaya, ni siquiera ha sido juez de manzana.

A la brevedad, la historia de Yolanda Cecilia Castañeda Palmeros dará la vuelta no sólo en México, sino en el mundo.

Mentiras

No debe ser fácil ser gobernador y menos cuando el que es gobernador se ha empeñado en mostrar que no sólo no tiene tablas, sino que tiene una incapacidad que asombra, me refiero a Cuitláhuac García Jiménez.

Y no debe ser fácil porque esta mañana de lunes 29 de junio, no sé si sea él o su deficiente equipo de prensa, daba a conocer que tenía su acostumbrada reunión de seguridad a la que sí invita –no lo hacía con Jorge Winckler- a Verónica Hernández, apenas ratificada como Fiscal General del Estado.

No iba avanzada la reunión cuando en esos momentos, en Las Trancas, era asesinada de un disparo en la cabeza, la rectora de la Universidad Valladolid, María Guadalupe Martínez. Se rumora que fue un intento de asalto y allí quedó, inerte, víctima de la inseguridad que priva en la entidad.

Lupita era hija de Agustín Martínez, empresario camionero y que en tiempos lejanos se dedicó a la lucha libre con el sobrenombre de “El Soberano”, que lo acompañaría hasta el día de su muerte, el 19 de noviembre del año pasado.

Él fundó la universidad y aunque nunca concluyó sus estudios básicos, tenía el deseo de que muchos jóvenes tomaran el buen camino y estudiaran una carrera universitaria. Lupita se hizo cargo una vez que El Soberano falleció.

Hoy, fue víctima de la delincuencia que no se ha ido del estado, porque algo es seguro, las cifras no le cuadran a Cuitláhuac.

Y no sólo eso, está el caso de Yolanda Nava, en Platón Sánchez, que tras presumir un cambio de imagen realizado en un salón de belleza, provocó los celos de su marido y éste fue a asesinarla a machetazos.

O el caso de la maestra Fiama, que desapareció hace algunos días y apareció muerta cerca de Tierra Blanca.

O bien, la señora Norma Pérez, que vino del norte a buscar trabajo a su natal Minatitlán. Lo encontró en una florería en la que trabajaba doce horas, en horario de 19:00 a 7:00 horas. Unos facinerosos llegaron y la dispararon. Hay quien cree que la confundieron con la dueña del lugar. Allí quedó el cuerpo de Norma.

O el de una mujer este lunes, que apareció muerta en una zanja en Tlapacoyan. Otra apareció en un riachuelo en Paso San Juan, con la cara macheteada y sin extremidades.

Son varios casos y cero respuestas. En realidad, el marcador aún favorece a la delincuencia y por mucho. Habría que decirle al gobernador que de quién es la culpa. Antes le echaba la culpa al fiscal. Ahora ¿es culpa de Verónica Hernández?

También hubo ejecutados, como el del hombre que fue acribillado en La Marina, en el municipio de Coatepec, o el hombre que regalaba comida afuera de una iglesia en Coatzacoalcos.

Que quede claro gobernador. En materia de seguridad, no hay nada qué presumir. Aunque sus lords moléculas con que cuenta ahora, digan lo contrario.