Contrapunto

Miguel Ángel Gómez Ruiz

Y de nuevo… Isabel Inés

Si usted pensó en algún momento si a la presidente del Poder Judicial de Veracruz, Isabel Inés Romero Cruz, le ha ido bien eso no se puede negar.

Claro que le fue bien, primero porque formó parte de un grupo que destronó y que le quitó el poder a la que se sentía inalcanzable, a su antecesora Sofía Martínez Huerta.

Se dice que eran amigas, en serio es para dudarlo, pues tanto Sofía como Isabel Inés pareciera que jamás en su vida conocieron el valor de la amistad.

Ambas llegaron allí por instrucciones e influencias desde Palacio de Gobierno, así como del Poder Legislativo. En efecto, intervino el gobernador Cuitláhuac García porque las envió en un paquete en el que convirtieron en magistrados a 13 elementos, eso en octubre de 2019. Ninguna tenía la capacidad o brillantez para llegar al cargo más alto, pero las impusieron el gobernador, así como el secretario Eric Cisneros y el líder parlamentario, Juan Javier Gómez Cazarín, que resultó todo un pillo.

Después de esos 13 magistrados, llegaron otros 9 y así, hasta que fue destituida Sofía Martínez Huerta, que causó más de un lío durante su estancia en el Poder Judicial.

Luego le entregaron el poder de manera interina a Isabel Inés Romero Cruz y la suertuda creyó que había tocado el cielo.

Sin embargo, se comenta que no está a gusto pues desde la oficina del gobernador y la del diputado Gómez Cazarín les envían a los funcionarios para que los coloque en algún área del Poder Judicial.

Es decir, le imponen personas que no conoce, pero siente que la están obligando y todo porque al haberla impuesto, ella debe obedecerles en todo. Y en efecto, así debía ser.

Personas cercanas a ella han palpado su enojo y desesperación pues no desea otorgar nombramientos a desconocidos. Inclusive, ha dicho que si en alguna reunión con el resto de los magistrados le pidieran su renuncia la aceptaría con gusto.

Además, la han visto presionada y hasta se ha sentido enferma, de ahí que se descubriera que toma aguardiente con crucetillo, quizá para reducir la presión o quizá sólo para sentirse un poco alegre.

Alguien podría sentir pena por ella o compasión, pero sabía a lo que se exponía cuando aceptó el cargo. La presiona Gómez Cazarín, el secretario Cisneros también la acosa y para colmo, el gobernador Cuitláhuac García también le llama a cada rato. Alguien por allí la escuchó gritar que “ya estaba hasta la madre…”.

La realidad es que ni Sofía Martínez Huerta ni mucho menos Isabel Inés Romero Cruz tienen carácter, vaya, si no tenían preparación y experiencia era sabido que iban a fracasar.

Si la magistrada presidente hubiera sido Yolanda Cecilia Castañeda Palmeros, ni el gobernador se atrevería a acudir al Poder Judicial y sus dos entrometidos escuderos habrían salido de su oficina como “tapones de sidra”.

Pero pues saben los tres que deben poner allí a alguien débil, manejable y a quien pudieran manipular a su antojo.

Alguien comentó que la propia Isabel Inés Romero Cruz se queja hasta de los empleados que tiene más cerca. Por ejemplo, no tiene una buena relación con el representante del Poder Legislativo, Humberto Hernández Reducindo, un naco que ahora se cree el dueño del Poder judicial y hasta de la propia administradora del Consejo de la Judicatura se expresa mal, pues en una ocasión Isabel Inés comentó que parece la empleada de Joana Marlen Bautista y no su jefa.

La presidente del Poder Judicial ya llegó a los 70 años. Nadie sabe si bien o mal vividos, pero lo que es cierto es que cada día tiene más problemas. Acude a pocos eventos y se mantiene encerrada en su oficina. Son sus empleados los que acuden a los eventos importantes y ella en tanto, deberá continuar allí, obedeciendo las órdenes de Cuitláhuac García y los dos hampones que le siguen, Eric Cisneros y Juan Javier Gómez Cazarín.