AMLO ¿Así lo soñaron los mexicanos?

Miguel Ángel Gómez Ruiz

Xalapa, Ver.

Tras muchos años de buscar la presidencia, finalmente en 2018 Andrés Manuel López Obrador logró el triunfo. Salió de “La Chingada” y se fue a vivir a Palacio Nacional en la Ciudad de México.

Fueron años, muchos años que el tabasqueño buscó la presidencia. Dice que en 2006 se la robaron. En 2012 nada pudo hacer ante el fenómeno Peña Nieto y en 2018, tras seis años de campaña, de eventos multitudinarios, de escabullirse del entonces Instituto Nacional Electoral (INE) logró que siempre buscó, la presidencia.

Sin embargo, tras un año y cuatro meses de gobierno, aún no dado los resultados que muchos esperaban. Me refiero a resultados que sus votantes esperaban y no la ola de bots que circulan en redes sociales, especialmente facebook y twitter, que responden con agresividad ante cualquier crítica que se vierte en contra de su presidente, o bien, el presidente de todos.

Si hablásemos de resultados ¿Realmente el presidente los ha dado? ¿Insistir en la construcción de Dos Bocas y un tren Maya es lo que ansían los mexicanos? ¿Las becas a los jóvenes, que reciben un mayor recurso que los campesinos son la solución? ¿Dilapidar 130 mil millones de dólares de las reservas ha valido la pena? ¿Desgastar su imagen cada mañana de lunes a viernes es lo correcto?

Son muchas preguntas y pocos resultados. Lo más destacable es que el presidente siempre tendrá otros datos. Ha desmentido a sus propios funcionarios, no ha actuado con institucionalidad pues les ha puesto apodos a expresidentes e insiste en que el combate a la corrupción es su bandera, sin embargo, cuando se le cuestiona sobre actos de corrupción en su administración, guarda silencio.

A la fecha, sin que se enojen sus porristas, los resultados aún están lejos, muy lejos, pues las obras no se ven. Las carreteras en el país siguen igual, el país aún no es atractivo para inversionistas extranjeros y el crecimiento de 0.08 por ciento no parece preocuparle mucho al presidente, al grado que declaró que más que pensar en el Producto Interno Bruto (PIB), los mexicanos deben pensar en lo espiritual.

Critica los crímenes del pasado, sin pensar que en su gobierno van casi 47 mil asesinatos. Lo relacionan con la familia del “Chapo” Guzmán y no se inmuta. El petróleo está por los suelos y sugiere que el futuro del país lo sea la energía renovable, algo en lo que no cree y lo que es peor, la crisis del Covid-19 no le preocupa, pero todos los días se habla de lo mal que se ha trabajado para contener los efectos de la pandemia.

Desde luego, estoy lejos de pensar que el presidente López Obrador sea una mala persona, o que no tenga capacidad, sin embargo no se ayuda mucho. Su área de Comunicación Social es mala y ni él ni sus funcionarios han logrado concatenar esfuerzos para que haya resultados.

Guarda silencio ante el caso del hijo de Manuel Bartlett y los ventiladores costosos; del traspié de la titular de Energía, Rocío Nahle ante los árabes y nunca está de acuerdo con las cifras de enfermos de Covid-19.

Poco a poco el dinero se va dilapidando y la pregunta es: ¿Qué hará el presidente cuando los recursos se hayan agotado? ¿De dónde sacará dinero? ¿Se endeudará como lo hizo cuando fue jefe de gobierno del Distrito Federal? Son muchas preguntas y lo malo es que no hay respuestas.

Obvio, aquí cabe la pregunta ¿A quién le dan pan, que llore? Reciben dinero los niños, los jóvenes, los adultos mayores, los pobres, pero ¿Y la productividad? ¿Nadie trabajará en su gobierno y en el país? ¿Regalar dinero es la solución para el país? Quizá por eso el presidente no voltea a ver a los empresarios, cree que regalando dinero y otorgando préstamos a pequeños empresarios que están ahogados en medio de la crisis que generó su gobierno será una solución y no es así.

De nuevo la pregunta, ¿Los mexicanos que votaron por él ya tienen un mejor nivel de vida? ¿Tienen mejores trabajos y mejores pensiones? ¿Mejores servicios de salud? ¿Ya comen mejor? Si no se apura a hacer algo, el presidente verá que su popularidad vendrá a menos. Ya había bajado a menos del 50 por ciento. Por arte de magia, volvió al 58 por ciento, pero eso es un nivel bajo ya que logró acariciar casi el 75 por ciento de aprobación. Por supuesto, con encuestas cuyo universo no superan las dos mil personas, pero quizá los buenos resultados que presume no lo sean tanto.

Este gobierno debe empezar a desprenderse del pasado y hacerse responsable de sí mismo y no sólo ofrecer, sino generar resultados.

Debe impulsar y atraer inversiones. Debe presentar a México como un lugar atractivo, aunque no lo sea. Debe gobernar para todos y no sólo para quienes le apoyan y le aplauden y debe depurar su gabinete. Varios de sus secretarios no han dado una y no darán más. Otros huyeron y otras se sostienen con pinzas. No los despide porque eso sería malo para su imagen, pero ya varios se bajaron del barco.

Y debe apoyar a empresarios grandes, medianos y pequeños, por igual. Nadie le ha pedido dinero, pero bien puede ofrecer estímulos fiscales y eso sería benéfico para todos. Pero si continúa con su enfado hacia las grandes empresas –a las que ha volteado para pedir favores- tampoco tendrá resultados.

Basta ver que hay más despidos en el país, la canasta básica aumentó, la gasolina irá subiendo con el paso de los días y el dólar está por las nubes. Habrá quien diga que parte de eso no es su responsabilidad, pero él es el que está sentado en la silla presidencial. Quiera o no, todos eso tendrá un efecto negativo, él lo sabe.

Y sobre la rifa del avión presidencial, ni siquiera vale la pena hablar de eso y eso también lo sabe.

Por eso es importante la pregunta: ¿Los mexicanos que votaron por AMLO soñaron que el país estaría así? Al final, como diría Jorge Luis Borges, “Los sueños, sueños son, buenos días realidad”.