Víctor Zavaleta sepultó al PRI en Coatzacoalcos

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Identificado como uno de los integrantes del agonizante cacicazgo que encabezó Marcelo Montiel Montiel, Víctor Miguel Zavaleta Núñez, quien goza de los últimos días al frente de la Coordinación de Protección contra Riesgos Sanitarios, convirtió la dependencia a su cargo en la cueva de Ali Baba y los 40 ladrones.

Sin duda este espacio fue uno de los puestos clave en donde imperaba la corrupción en la pasada administración que encabezó el prófugo de la justicia, Javier Duarte de Ochoa.

Era tal la ambición para hacer dinero de Zavaleta Núñez, quien acuerpado por su secretaría Claudia Fernández, extorsionaba y sigue extorsionado a todo aquel que tiene la apremiante necesidad de acudir a sus oficinas.

Integró a un grupo de cinco inspectores para visitar todos y cada uno de los establecimientos de la región, no para verificar que no existiera riesgo sanitario, sino para cobrar cuotas que van desde los mil a cinco mil pesos por cada establecimiento, incluso hubo quienes tuvieron que cerrar sus puertas para no mantener a estos ladrones.

No para ahí, para poder obtener pingues ganancias, concentró a Coatzacoalcos los trámites para todas las funerarias que tienen que trasladar algún cadáver a otro punto de la república, y aunque el trámite es gratuito, confabulado con su secretaria, hace tardada la tramitología para que el interesado tenga que apoquinar.

Cuando la caja registradora sonaba, los empresarios fúnebres podían trasladar sus cuerpos sin ningún problema, pero si no había dinero, simplemente te la hacen cansada, dijo uno de los afectados.

Durante todos estos años, Zavaleta se pasó por el arco a los titulares que desfilaron por la jurisdicción sanitaria y se le subió a las barbas a su jefe inmediato Víctor Hugo Pérez.

Si es verdad lo que pregona el ejecutivo estatal Miguel Ángel Yunes Linares, en el sentido de acaba con la corrupción, es hora de barrer con las lacras que enlodan este espacio que depende de los servicios de salud, porque es de todos conocido que Zavaleta llegó a esa coordinación “pateando latas” y con las manos metidas en los bolsillos vacíos.